martes, 14 de junio de 2011

Baja autoestima, más obesidad


Los científicos saben desde hace tiempo que la gente con sobrepeso u obesa suele tener una baja autoestima. Pero por lo general se pensaba que la obesidad era lo que conducía a la baja autoestima y a otros problemas emocionales.
Ahora, una nueva investigación demuestra que al parecer, ocurre todo lo contrario. Es decir, la gente con una baja autoestima suele tener más probabilidades de volverse gorda u obesa.
Problemas emocionales
La investigación, que involucró a 6.500 personas en el llamado Estudio de Cohorte de Nacimientos Británicos en los 70s, descubrió que los niños de 10 años que mostraban una baja autoestima tendían a ser más gordos siendo adultos.
El impacto, dice el estudio publicado en la revista BMC Medicine, es particularmente fuerte en las niñas. Según los expertos, este estudio pone de manifiesto la importancia de un tratamiento temprano para combatir la obesidad.
El estudio, llevado a cabo por científicos del King´s College de Londres, tomó un registro de los niños a los 10 años, con mediciones de su Índice de Masa Corporal (IMC) y su auto-percepción, así como una prueba de sus problemas emocionales.
Lo que es novedoso en este estudio es que la obesidad siempre ha sido considerada Cuando los individuos cumplieron 30 años, se tomó nuevamente un registro de su IMC.
Los investigadores encontraron que los niños con una baja autoestima, los que se sentían con menos control sobre sus vidas y los que se preocupaban más a menudo, mostraron más probabilidades de aumentar de peso en los siguientes 20 años.
"Factor de riesgo"
"Aunque no podemos decir que los problemas emocionales de la infancia causan obesidad más tarde en la vida, ciertamente sí podemos decir que éstos juegan un papel, junto con factores como el IMC de los padres, la dieta y el ejercicio", afirma el doctor Andrew Ternouth, psiquiatra que dirigió el estudio.
Otro de los autores, el profesor David Collier, afirma que "lo que es novedoso en este estudio es que la obesidad siempre ha sido considerada un trastorno médico metabólico".
"Lo que hemos descubierto es que los problemas emocionales son un factor de riesgo de obesidad".
"Y no estamos hablando de problemas psicológicos profundos, porque la ansiedad y baja autoestima que encontramos estaban dentro de un rango normal", agrega el investigador.
Tratamiento temprano

Los científicos afirman que el estudio demuestra la importancia del tratamiento temprano de los niños que sufren baja autoestima, ansiedad u otros problemas emocionales para ayudar a mejorar sus posibilidades de una buena salud física a largo plazo.
"Este hallazgo es particularmente importante, dado el creciente problema de obesidad infantil en muchas sociedades occidentales. Y a gran escala, podrían ser una esperanza en la batalla para controlar la actual epidemia de obesidad", agregan los expertos.
Por su parte, el doctor Ian Campbell, de la organización Weight Concern, afirma que "este estudio presenta evidencia preocupante de que, tal como lo sospechábamos, los asuntos psicológicos de la infancia tienen una influencia en el aumento de peso y la salud adulta".
"El mensaje aquí es que el tratamiento temprano, en la infancia, puede ser la clave para combatir la obesidad adulta".
"Esto requiere mucho más de lo que los profesionales de salud pueden hacer solos. Se necesita una mayor vigilancia de los padres, maestros, y cualquier persona que esté involucrada en el bienestar de los niños", concluyó Campbell.
Tomado de la BBC

lunes, 6 de junio de 2011

Seguimos dispuestos a torturar


Quizás ha sido el experimento científico más tristemente célebre de las últimas décadas, porque mostró evidencias convincentes de que todos somos capaces de ejercer una gran maldad. Ahora, 50 años después, científicos de Estados Unidos repitieron la llamada "prueba Milgram".

Y volvieron a llegar a la conclusión de que la gente sigue dispuesta a infligir dolor a los demás, si se lo pide una autoridad. La prueba consistía en que los voluntarios debían aplicar lo que creían que eran dolorosas descargas eléctricas a otros voluntarios (que eran en realidad actores), cuando eran incitados por una figura de autoridad.

Los investigadores de la Universidad de Santa Clara, en California, encontraron que aún cuando los actores daban (falsos) gritos de dolor, el 70% de los participantes estaban dispuestos a aumentar el voltaje de las descargas.

Las tasas de obediencia de los participantes fueron ligeramente menores que las del experimento Milgram, dicen los autores en American Psychologist, la revista de la Asociación Psicológica Estadounidense.

¿Hemos aprendido?

"Al conocer el trabajo de Milgram, la gente a menudo se preguntan si hoy en día los resultados serían distintos", explicó el doctor Jerry Burger, quien dirigió el nuevo experimento. "Muchos creían que, después de las lecciones del Holocausto, ha habido una mayor conciencia social sobre los peligros de la obediencia ciega".

"Pero lo que encontramos fue que los mismos factores situacionales que tuvieron un impacto en la obediencia en el experimento de Milgram, siguen operando hoy en día", agregó el científico. El experimento original, publicado en 1963, fue llevado a cabo por el profesor Stanley Milgram, de la Universidad de Yale.

El científico reclutó voluntarios para probar el efecto del castigo y el aprendizaje. Para eso, se le hizo creer a los voluntarios (que tenían el papel de maestros) que estaban aplicando choques eléctricos cada vez más potentes a otra persona (que tenía el papel de alumno), ubicada en un cuarto separado.

También se les hizo creer que "un científico" era la figura de autoridad conduciendo el experimento, y éste debía incitar al "maestro" a que continuara aplicando descargas sobre el "alumno". En realidad, tanto el científico como el alumno eran actores y la supuesta máquina generadora de descargas eléctricas era falsa.

Milgram encontró que, después de escuchar los primeros gritos de dolor de los alumnos con una descarga de 150 voltios, el 82,5% de los "maestros" voluntarios continuó aplicando descargas. De éstos, el 79% continuó con las descargas hasta el límite del generador, a 450 voltios. El estudio, además, no encontró diferencias entre hombres y mujeres.

Consternados

En el nuevo experimento, llevado a cabo por el doctor Jerry Burger, 70% de los participantes estaban dispuestos a continuar con las descargas después de los 150 voltios, pero no se les permitió hacerlo. Al parecer, los voluntarios del experimento original que se mostraron dispuestos a infligir dolor hasta el límite del generador eléctrico quedaron muy consternados tras la prueba.

"Casi cuatro de cada cinco participantes en la prueba Milgram que continuaron después de los 15 voltios llegaron hasta el límite del generador" explicó el doctor Burger. "Debido a este patrón, al darnos cuenta de la reacción de los participantes al aplicar los 150 voltios, pudimos hacer una conjetura razonable de lo que hubieran hecho si hubieran continuado con el procedimiento", agregó.

Las técnicas del profesor Milgram han sido muy debatidas desde que se publicó su investigación. Como resultado, se han establecido códigos éticos para los psicólogos y medidas de control en las investigaciones experimentales para prevenir una duplicación exacta del experimento Milgram.

Y para que ésta fuera aprobada por las autoridades universitarias, Burger determinó que en su experimento 150 voltios sería el límite máximo que se aplicaría.

Obediencia ciega

De cualquier forma, la vasta mayoría de los 29 hombres y 41 mujeres que tomaron parte, se mostraron dispuestos a apretar el botón de descarga, sabiendo que causarían daño a otro ser humano. Incluso cuando otro "científico" (actor) entraba al cuarto y cuestionaba lo que estaba ocurriendo, la mayoría estaba dispuesta a continuar.

Tal como explica el investigador, no es que algo estuviera "mal" con los voluntarios. Simplemente, es que cuando se nos coloca bajo presión, los seres humanos a menudo hacemos cosas "perturbadoras". Los resultados del estudio, afirman los expertos, podrían explicar parcialmente por qué en tiempo de guerra y conflicto la gente está dispuesta a tomar parte en un genocidio.

Tal como señala el profesor Alan Elms, de la Universidad de California, en Davis, quien participó en el experimento Milgram en 1961, "el nuevo experimento fue "suavizado", rebajando el límite de las descargas y por lo tanto las condiciones fueron menos estresantes". "Sin embargo, las conclusiones no son menos perturbadoras: el límite de crueldad de la humanidad, como todo lo demás, depende de las condiciones", dice.

"Parecemos estar programados para cumplir órdenes -agrega- incluso si éstas dañan a los demás". "Y es claro que, a pesar de todos los espectáculos de horror de la humanidad en el pasado, todavía no logramos entender el mensaje", expresa el científico.

Tomado de la BBC 

Los ojos de la intuición

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Un equipo de científicos descubrió que una persona ciega puede sortear un laberinto de obstáculos sin ayuda, valiéndose sólo de su intuición. Un hombre que quedó ciego tras un derrame cerebral pudo caminar entre sillas y cajas sin chocar con ellas usando conexiones ocultas en su cerebro.

El estudio indica que usamos recursos mentales subconscientes y somos capaces de cosas que pensamos que no podemos hacer. El paciente, identificado como TN, quedó con una queratitis estriada (alteración corneal) en ambos hemisferios del cerebro luego de sufrir derrames consecutivos.

Viendo a ciegas

Sus ojos son normales pero su cerebro no puede procesar la información que envían, dejándolo completamente ciego. No obstante, previamente se sabía que tenía lo que se denomina "visión ciega", la habilidad de percibir objetos y presencias sin estar consciente de que los está viendo.

TN, por ejemplo, responde a las expresiones faciales de otros.

Sin embargo, cuando camina lo hace como una persona ciega: usa un bastón para evitar obstáculos, y requiere de la guía de otros cuando camina por habitaciones. Pero en un video se le ve caminando entre varios obstáculos que prepararon los investigadores sin cometer ningún error y sin la ayuda de su bastón ni de nadie.

Capacidades antiguas

La directora del estudio, Beatrice de Gelder de la Universidad de Tilburg, Holanda, y la escuela de medicina de Harvard, EE.UU., dijo que TN "no estaba consciente de que estaba haciendo algo excepcional" y pensaba que sencillamente estaba recorriendo un largo corredor.

Según De Gelder, es un mensaje importante particularmente para quienes sufren de daños cerebral. "Puede perder completamente la visión cortical pero retener alguna capacidad de movimiento afuera y adentro sin peligro", le dijo a la BBC.

"Nos demuestra la importancia de esos senderos visuales evolutivos antiguos que contribuyen más de lo que pensamos para que podamos funcionar en el mundo real".

"Asombrosa"

La investigación se llevó a cabo con colegas en el Reino Unido, Suiza e Italia.

Sonal Rughani, un optometrista y asesor para una fundación de caridad británica para personas con problemas visuales, la RNIB, calificó la observación de "asombrosa" y dijo que era una prueba más de que el cerebro es muy flexible.

Sin embargo, recordó que son pocas las personas que quedan ciegas por una lesión cerebral y que la mayoría de quienes sufren problemas visuales después de un derrame podrían ser ayudados con complejas terapias. "El resultado de este estudio es muy emocionante pero se necesitará más investigación", le dijo a la BBC.

El resultado de la investigación de la escuela de medicina de Harvard fue publicado en Current Biology.

Tomado de la BBC



Las llantitas pueden ser mortales


Las "llantitas, rollos o michelines" que se forman en la cintura por el exceso de grasa pueden duplicar el riesgo de morir prematuramente. Un amplio estudio con más de 360.000 personas en nueve países europeos descubrió que un "poderoso indicador" de riesgo de muerte prematura es la medida de la cintura.

Esto, aunque el peso del individuo sea normal, afirma la investigación en New England Journal of Medicine (Revista de Medicina de Nueva Inglaterra). Los científicos descubrieron que por cada 5 centímetros de grasa adicional en la cintura, aumenta en 13% en mujeres y 17% en hombres el riesgo de muerte prematura.

Los expertos afirman que estos resultados ofrecen más evidencia de que el almacenar grasa en exceso alrededor de la cintura es un riesgo importante de salud, incluso cuando no se considera a la gente obesa o con sobrepeso. Por eso, una forma barata y sencilla de analizar la salud del individuo es que los médicos familiares midan regularmente la cintura y cadera de sus pacientes, señalan los investigadores.

Más grasa, menos vida

Desde hace tiempo se conoce el vínculo entre la grasa en la cintura y los problemas de salud.
Pero tal como señalan los expertos, el tamaño de este nuevo estudio ofrece a los científicos un panorama más preciso del problema.

La investigación, llevada a cabo en el Colegio Imperial de Londres, el Instituto Alemán de Nutrición Humana y otras instituciones europeas, involucró a 359.387 pacientes, mujeres y hombres, cuya edad promedio era 51 años.

Se siguió un registro de su salud durante casi 10 años y al final de ese período habían muerto 15.000 participantes. Los científicos compararon el índice de masa corporal (IMC) de los sujetos. (El IMC continúa siendo la medida estándar de la obesidad). Descubrieron que en las personas con el mismo IMC, el riesgo de muerte prematura aumentaba a medida que se incrementaba la circunferencia de la cintura.

Los resultados mostraron que la gente con una cintura grande -de más de 120 cm. en los hombres y 100 cm. en las mujeres- tuvo el doble de riesgo de morir prematuramente. Esto, comparado con el riesgo de los participantes que tenían cinturas pequeñas, de menos de 80 cm. en los hombres y 65 cm. las mujeres.

"Nos sorprendió mucho descubrir que el tamaño de la cintura tenía un efecto tan poderoso en la salud de la gente y su muerte prematura" afirmó el profesor Elio Riboli, investigador del Colegio Imperial. "No hay muchas otras características individuales simples que puedan aumentar tanto como ésta, el riesgo de una persona de morir prematuramente".

Indicador

Los estudios han demostrado que las personas que muestran una  lectura alta de IMC tienen más riesgo de morir de enfermedades cardiovasculares y cáncer.

Sin embargo, el nuevo estudio demostró que la "proporción cintura a cadera", un número que resulta al dividir el tamaño de la cintura entre la medida de la cadera, también es un importante indicador de salud.

El estudio mostró que gente que tenía un IMC totalmente normal, pero una cintura más grande que el promedio, tenía un riesgo significativamente más alto de muerte prematura. La razón de este vínculo entre el riesgo de mortalidad y el almacenamiento de grasa en la cintura, no está suficientemente clara.

Otro de los investigadores, el doctor Tobias Pischon, del Instituto Alemán de Nutrición Humana, cree que podría deberse a que la grasa abdominal es distinta de otras reservas adiposas y puede influir directamente en el desarrollo de enfermedades crónicas liberando "sustancias mensajeras".

Los científicos creen que los tejidos adiposos en esta zona corporal secretan citoquinas, hormonas y compuestos metabólicamente activos que pueden contribuir al desarrollo de enfermedades como las cardiovasculares y el cáncer.

Pero, tal como señala el doctor Riboli, "la buena noticia es que usted no necesita llevarse a cabo pruebas costosas para analizar este aspecto de su salud, porque no cuesta nada medirse la cadera y la cintura". Y si esta medida es muy grande, agrega, aumente su actividad física, cuide su dieta y reduzca su riesgo de morir prematuramente.



Tomado de la BBC 


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domingo, 15 de mayo de 2011

Donde nace el odio en el cerebro


Se dice que hay una línea muy fina entre el odio y el amor y ahora una nueva investigación científica parece demostrarlo. Científicos británicos descubrieron el mecanismo del cerebro humano que produce que odiemos a alguien.

Y la zona donde se inicia esta poderosa emoción está íntimamente relacionada al área cerebral donde se produce el amor, afirmó la investigación llevada a cabo en la Universidad de Londres.

El estudio -publicado en la revista de la Biblioteca Pública de Ciencia, PLoS One- analizó a varios voluntarios que miraran fotografías de alguien a quien odiaban. Descubrieron que se activaban una serie de circuitos cerebrales en un área del cerebro que comparte ciertas estructuras asociadas al amor romántico.

Pasión "interesante"

"El odio a menudo es considerado una pasión malvada que debe ser reprimida, controlada y erradicada" explicó el profesor Semir Zeki, del Laboratorio Wellcome de Neurobiología de la Universidad de Londres y quien dirigió el estudio. "Pero para los neurobiólogos el odio es una pasión tan interesante como el amor".

"Porque igual que el amor, el odio a menudo parece ser irracional y puede conducir al individuo a conductas heroicas o malvadas. ¿Cómo es posible que dos sentimientos tan opuestos conduzcan al mismo comportamiento?".

Esa es la pregunta que se planteó el profesor Zeki al iniciar este estudio, que es la continuación de otras investigaciones previas en su laboratorio sobre los mecanismos cerebrales del amor romántico y el amor maternal.

En el nuevo estudio Zeki y su equipo se concentraron específicamente en el odio que siente el ser humano hacia otro individuo. En la investigación participaron 17 voluntarios, tanto hombres como mujeres, elegidos porque dijeron sentir profundo odio hacia otra persona.

Los científicos llevaron a cabo escáneres cerebrales mientras los participantes miraban tanto la fotografía de la persona odiada, como fotografías de rostros "neutrales" que les eran familiares.

"Cuando miraban el rostro de la persona odiada -señalaron los autores- se produjo actividad en zonas cerebrales que puede ser consideradas el "circuito del odio". Este circuito del odio incluye estructuras en la corteza y la subcorteza cerebral y tiene componentes que también se activan cuando se genera una conducta agresiva.

El cerebro funciona traduciendo estas señales de los circuitos cerebrales en acciones, como la planeación de movimientos del cuerpo. Y el circuito del odio también está ubicado en una parte de la corteza frontal que se cree es muy importante en la predicción de las acciones de los demás. Quizás, explican los científicos, esto es lo que nos hace actuar cuando nos enfrentamos a una persona odiada.

Odio crítico

Pero lo que más sorprendió a los investigadores fue descubrir que el circuito del odio también produce actividad en dos estructuras de la subcorteza cerebral: el putamen y la ínsula. Según el profesor Zeki "es muy interesante que el putamen y la ínsula también se activan con el amor romántico".

"Pero no es tan sorprendente considerando que el putamen también podría estar involucrado en actos agresivos en un contexto romántico, como en situaciones donde un rival presenta una amenaza".

Los investigadores también descubrieron una diferencia importante en la actividad cortical que producen tanto el odio como el amor. "Mientras que en el amor grandes partes de la corteza asociadas al juicio y razonamiento se desactivan, con el odio sólo se desactiva una pequeña zona", explicaron los autores.

Los investigadores creen que esto es sorprendente si consideramos que el odio también es, como el amor, una pasión que nos consume totalmente.

Pero mientras que en el amor romántico el amante pocas veces es crítico o juzga a la persona amada, en el contexto del odio, el que odia utiliza su criterio y es calculador para hacer daño, herir o vengarse de la persona odiada.

Tomado de la BBC

El cerebro distinto del suicida


Durante mucho tiempo los científicos se han preguntado si son los factores genéticos o los ambientales los que conducen a una persona al suicidio. Ahora, una nueva investigación en Canadá parece estar más cerca de la respuesta.

Los científicos de las universidades de Ontario Occidental, de Carleton y de Ottawa, descubrieron que los cerebros de los suicidas tienen una composición química diferente a los de la gente que muere por otras causas.

Y la causa parece ser una compleja combinación de cuestiones genéticas y del entorno.
Los investigadores analizaron el tejido cerebral de personas que habían muerto, tanto por suicidio como por causas naturales, como infarto.

Los individuos que provocaron su propia muerte, señaló el estudio publicado en Biological Psyquiatry (Psiquiatría Biológica), estaban afectados por un grave trastorno de depresión. Lo cual revela que los factores ambientales juegan un papel en los cambios genéticos descubiertos en su cerebro.

Depresión

Los científicos descubrieron que el genoma de los que se suicidaron -como resultado de su depresión- estaba modificado químicamente por un proceso que está asociado a la regulación del desarrollo celular.

"Tenemos unos 40.000 genes en cada célula" explicó el doctor Michael Poulter, uno de los autores del estudio. "La única razón por la que una célula de la piel se convierte en célula de la piel y no en célula del corazón es porque sólo una fracción de los genes logra expresarse".

"Y los otros genes no se expresan porque son silenciados debido a un proceso genético llamado metilación", agregó.

Los investigadores descubrieron que la tasa de metilación en el cerebro de los individuos que se suicidaron era diez veces mayor que la de las personas que murieron por causas naturales.
Y el gen que estaba siendo silenciado era un receptor de señales químicas cerebrales que juega un papel muy importante en la regulación de la conducta.

Modificable

El doctor Poulter cree que este proceso de "reprogramación" cerebral podría estar contribuyendo a lo que llama "la naturaleza recurrente y prolongada de los trastornos depresivos graves".

El científico agrega que "esta idea de que el genoma en el cerebro es tan maleable es muy sorprendente, porque las neuronas no se dividen".

"Nuestras neuronas siguen siendo las mismas desde el comienzo de nuestra vida -subrayó- así que la idea de que existen mecanismos, tanto genéticos como ambientales, capaces de modificarlas es realmente sorprendente".

En un comentario en la misma publicación, el doctor John H. Krystal, editor de Biological Psyquiatry, señaló que "esta investigación ofrece nueva evidencia de que los factores genéticos y ambientales pueden interactuar para producir modificaciones específicas y duraderas en los circuitos cerebrales".

"Y estas modificaciones pueden formar el curso de nuestra vida de formas extremadamente importantes, como el riesgo de sufrir un trastorno depresivo grave que quizás puede llevar al suicidio".

Según los expertos, los resultados de esta investigación podrán conducir a nuevas avenidas de investigación y tratamientos potenciales para la depresión y las tendencias suicidas.
Un informe de la Organización Mundial de la Salud afirma que cada 40 segundos alguien se suicida en el mundo.

Tomado de la BBC


Para curar un corazón roto


No sólo es tema de poemas o canciones, sí es posible morir por la desolación que causa un corazón roto. Un estudio científico afirma que la gente que sufre la pérdida de un ser querido tiene hasta 20% más riesgo de morir.

Según los investigadores de la Universidad de Utrecht, en Holanda, el dolor psicológico causado por una muerte cercana juega un papel muy importante. Los expertos afirman que la gente que pierde a su pareja, por ejemplo, a menudo adopta hábitos poco saludables como una dieta insana o tabaquismo.

De hecho, afirma el estudio publicado en la revista médica The Lancet, para los viudos (hombres), el mayor riesgo de muerte está relacionado al consumo de alcohol y a la pérdida de su única confidente.

Esto se debe a que a menudo es la esposa quien llevaba el control del régimen de salud.
Para las viudas el panorama no es tan claro pero los investigadores creen que la intensa soledad y el dolor psicológico causado por la pérdida puede desempeñar un papel muy importante.

Estudios previos han demostrado que el dolor psicológico puede causar cambios físicos en el cuerpo, ya que las hormonas del estrés pueden trastornar los procesos del organismo.

"Este hecho es bastante común en gente muy mayor" dijo a BBC Ciencia  la psicóloga Diana Liberman, fundadora del Centro de Recuperación Emocional de la Pérdida y autora del libro "Es hora de hablar del duelo".

"Con una persona que ha convivido durante 40 años o más con otra persona, es muy común que al poco tiempo de la pérdida aparezca una enfermedad o alguna muerte súbita", agrega la experta.

Duelo

Los científicos analizaron varios estudios publicados sobre los riesgos que puede sufrir una persona con el corazón roto.

El objetivo era analizar la relación entre la muerte de un ser querido y la salud física y mental.
Según los autores, el sufrimiento no es una enfermedad y la mayoría de la gente es capaz de ajustarse a éste sin intervención psicológica profesional.

Sin embargo, descubrieron que la pérdida un ser querido puede estar asociada a un mayor riesgo de mortalidad, particularmente en las primeras semanas y meses después de la muerte.
El estudio encontró que los hombres tenían 21% más probabilidad de morir después de la muerte de su esposa.

Las viudas mostraron 17% más riesgo de morir tras la pérdida del esposo. Los hombres que pierden a la mujer también tienen tres veces más probabilidades de suicidarse. Las viudas, sin embargo, no mostraron mayor riesgo de suicidarse. Otro estudio publicado en 2003 muestra que los padres tienen un mayor riesgo de suicidio tras la muerte de un hijo.

Entre más joven es el hijo, el riesgo es mayor y es particularmente alto en los primeros 30 días de duelo. Según Diana Liberman, también es común ver a personas que tienen que recuperarse de la pérdida de dos seres cercanos. "Yo he trabajado con jóvenes que vienen a recuperarse de la muerte de una hermana, por ejemplo, y al poco tiempo pierden al padre", afirma.

Consecuencias

Los científicos afirman que este riesgo está asociado al menoscabo de la salud física, que se manifiesta en el presencia de síntomas y enfermedades, y a la reducción en el uso de los servicios médicos.

Los autores afirman que en el estudio encontraron patrones "consistentes".

Esto, afirman, permite llegar a la conclusión de que "la mortalidad por el sufrimiento causado por una pérdida puede atribuirse en gran parte al llamado "corazón roto".
Hay factores que incrementan la vulnerabilidad de una persona que sufre un corazón roto, explican los investigadores.

Por ejemplo, la circunstancias de la muerte, la forma de aceptar la pérdida y otros factores personales.

"Es por eso que cuando ocurre la muerte de un hijo -dice Diana Liberman- el padre debe tener un espacio y una posibilidad de hablar del duelo y de lo que perdió". "Porque de lo contrario, esto tendrá como consecuencia una enfermedad física o una muerte súbita", explica la experta a BBC Ciencia.

Lo principal, dice Diana Liberman, es que la gente hable del dolor que siente o busque alguna intervención psicológica. "Lo que complica el duelo y lo que puede llevar a la enfermedad o la muerte es no hablar del duelo".

"Está comprobado que poder hablar del duelo atenúa el dolor, calma y permite que la gente pueda lograr, si no una vida intacta, sí lo más parecido a una vida normal", afirma la experta.

Tomado de la BBC