jueves, 28 de julio de 2011

Salud mental: depresión, el lado sombrío de la vida


La depresión es una enfermedad mental que afecta a una de cada cinco personas en algún momento de su vida. Ocasionalmente es normal sentirse con el ánimo bajo, pero con la depresión estos sentimientos están siempre o casi siempre presentes y pueden ser tan severos que interfieren con las actividades de la vida diaria.

Tal como lo describen los pacientes, la depresión es un sentimiento abrumador de desesperanza, tristeza y falta de autoestima. Y es mucho más largo, profundo y desagradable que los cortos períodos de desdicha que todos tenemos de vez en cuando. Para quien sufre depresión, sentirse así significa un panorama muy sombrío de la vida. Sin embargo -tan como señalan los expertos- es importante recordar que la depresión no es un absoluto.

"No se trata simplemente de un caso en el cual la persona está deprimida o no lo está" explica a la BBC la doctora Trisha Macnair, de la Asociación Médica Británica. "Hay una progresión que va desde sentirse triste hasta padecer toda la enfermedad clínica que es la depresión". "E incluso así, no todas las personas presentan todos los síntomas" agrega la experta.

Causas de la depresión

"Todavía no se logra comprender totalmente cuáles son las causas de la depresión", explica a la BBC el doctor Robert Hicks, médico general y experto en salud masculina. "Muchos factores pueden contribuir en la enfermedad, por ejemplo la muerte de un ser querido, enfermedad, estrés, divorcio o rompimiento de una relación".

También se piensa que puede haber ciertos factores genéticos, lo cual explica porque en ocasiones varios miembros de una familia son susceptibles a la enfermedad; y factores biológicos, como el desequilibrio de los compuestos químicos cerebrales que se cree están vinculados a las emociones y el estado de ánimo.

Pero cualquiera que sea la causa, los síntomas de la depresión pueden ser tan severos que es necesario brindar ayuda a la persona afectada. "A menudo la gente que sufre depresión no se da cuenta de que está padeciendo la enfermedad, porque ésta se instala gradualmente" dice la doctora Macnair. Muchas veces el paciente puede tratar de combatir la enfermedad o tratar de mantenerse ocupado. Esto puede hacerlos aún más estresados o más deprimidos, lo que a su vez puede causar dolores físicos, como dolores de cabeza constantes o dificultad para dormir.

"Si usted tiene algún síntoma de depresión o cree que está sufriendo la enfermedad, hable con su médico", señala Trisha Macnair. "El diagnóstico de la enfermedad a menudo se basa en el historial médico de la persona y en los síntomas que presenta", agrega.

Tratamientos
SINTOMAS DE LA DEPRESIÓN
·         Pérdida de interés en la vida en general o en las actividades que solían gozarse
·         Dificultad para tomar decisiones
·         Dificultad para manejar asuntos de la vida diaria
·         Ansiedad o agitación
·         Pérdida de apetito o ansiedad por comer en exceso
·         Dificultad para dormir y para levantarse

Hay dos tipos de tratamiento para la depresión: las llamadas terapias "habladas" y los medicamentos. En las terapias habladas, como por ejemplo la terapia cognitivo conductual (TCC), un terapeuta ayuda al paciente a hablar sobre sus sentimientos o las cosas que siente lo están abrumando o preocupando.

El objetivo de la TCC es superar los poderosos pensamientos negativos que se cree forman parte de la depresión. Los medicamentos antidepresivos pueden ser efectivos si la depresión es severa o si ha estado presente durante un período largo.

"Estos fármacos pueden ayudar a restaurar el equilibrio de los neurotransmisores en el cerebro y pueden ofrecerse en combinación con una terapia hablada" explica el doctor Hicks. "De esta forma se intenta manejar al mismo tiempo las causas biológicas y las causas que están desencadenando la depresión", agrega. Los estudios han demostrado que más de 80% de las personas con depresión mejoran con un tratamiento apropiado que incluye la combinación de fármacos y psicoterapia.

Ayuda médica

Sin embargo, el efecto de los antidepresivos no es inmediato por lo que el paciente no comienza a notar una mejora en su enfermedad. Éstos, por lo general, tardan dos o tres semanas para tener efecto después de empezar a tomarlos. Pero los fármacos antidepresivos tienen algunos efectos secundarios que tienden a desaparecer con el tiempo, por eso es necesario que el tratamiento esté supervisado por el médico.

Según el Royal College of Psychaitrists, (Real Colegio de Psiquiatras) cuatro de cada cinco personas con depresión logran mejorar sin ayuda. Entre más corto el tiempo que una persona ha estado deprimida más posibilidades tendrá de superar la enfermedad. "Muchas veces basta con hablar con un amigo cercano o un familiar" señala el doctor Hicks.

"Pero no siempre esto ayuda y entonces es necesario consultar el médico". "Lo importante -señala la doctora Macnair- es que una persona que se siente deprimida esté consciente de que puede contar con ayuda. Por eso es tan importante consultar al médico".

Tomado de la BBC


La gente distraída tiene "mucho cerebro"


Sabemos que hay adultos que se distraen mucho más fácilmente que otros cuando están llevando a cabo una tarea. Ahora, una investigación llevada a cabo en el Reino Unido, encontró que la causa podría estar en la estructura del cerebro.

Los distraídos tienen un mayor volumen de materia gris en la región del cerebro que se encarga de mantener la atención, afirman los científicos de la Universidad de Londres. La materia gris es un componente esencial del sistema nervioso central y está distribuida en la superficie de varias regiones del cerebro, incluidas las que se encargan del control muscular, la percepción sensorial, la memoria y las emociones.

Algunas teorías han vinculado a esta sustancia con el procesamiento de información y el razonamiento y por lo tanto se piensa que su volumen en el cerebro está asociado a la inteligencia de un individuo. Pero estas teorías no han logrado comprobarse.

Más materia gris, más distraídos

Ahora, para investigar la relación del volumen de materia gris y la capacidad de atención, el estudio, publicado en Journal of Neuroscience(Revista de Neurociencia), comparó los cerebros de individuos que se distraen fácilmente con aquéllos que difícilmente pierden la atención.

El profesor Ryota Kanai y su equipo primero analizaron la capacidad de distracción de un grupo de voluntarios sanos con un cuestionario en el que debían responder a preguntas como: qué tan a menudo notaban las señales en las calles o iban al supermercado a comprar algo y al llegar allí se habían olvidado de qué debían comprar, etc.

Aquéllos que se mostraron como más distraídos recibieron la puntuación más alta. Posteriormente los voluntarios fueron sometidos a escáneres estructurales de IRM. Los investigadores descubrieron que la diferencia más obvia en la estructura cerebral de los más distraídos -los que tuvieron más puntos en el cuestionario- y los más atentos, era el volumen de materia gris en una región de la corteza cerebral llamada lóbulo parietal superior (LPS) izquierdo.

Los más distraídos, dicen los científicos, tenían más materia gris en esta región.
Posteriormente, para comprobar si esta diferencia estructural realmente se debía a la capacidad de distracción o atención de una persona, los científicos pidieron a los voluntarios que llevaran a cabo varias tareas que contenían varias distracciones. Los científicos midieron el tiempo que tomaba a los individuos llevar a cabo la tarea tanto con una distracción como sin ella.

Según el profesor Kanai, el nivel de distracción de la persona podía medirse con el tiempo que le tomaba realizar la tarea.

Estimulación cerebral

Posteriormente se repitió el experimento. Pero esta vez los científicos usaron una técnica no invasiva de estimulación cerebral, llamada estimulación magnética transcraneana, con la cual se puede "apagar" selectivamente la actividad de regiones de la corteza cerebral.

En el experimento, los investigadores "apagaron" el LPS izquierdo de los participantes durante media hora, y en ese período debían llevar a cabo la misma tarea que en el ejercicio anterior. Los resultados mostraron que el tiempo en que se llevaba a cabo la tarea había incrementado 25%. Es decir, los individuos se distraían más fácilmente y por ello tardaban más.

Según el profesor Kanai, esto demuestra que el LPS juega un rol en el "control jerárquico" de la atención y que LPS izquierdo intenta superar las distracciones. En el estudio, los individuos con LPS izquierdo más grande resultaron los más distraídos.

Los científicos no saben porqué funciona de esta forma el LPS izquierdo, pero creen que un mayor volumen de materia gris demuestra un cerebro menos maduro. "A medida que crecemos y nos desarrollamos, la materia gris va "podando" sus neuronas para poder trabajar de forma más eficiente" explica el investigador.

"Y un mayor volumen de materia gris podría indicar un cerebro menos maduro". La teoría, agrega el científico, apoya los supuestos de que los niños se distraen más fácilmente que los adultos. No todo, sin embargo, está perdido para los distraídos.

El profesor Kanai y su equipo están estudiando la forma de mejorar el nivel de atención en quienes tienen un gran volumen de materia gris. Y están probando una técnica, llamada estimulación transcraneal directa, con la cual, dicen, quizás es posible estimular al cerebro enviando una inadvertida corriente eléctrica al LPS izquierdo por medio de electrodos colocados en la cabeza.

Tomado de la BBC 

Agua helada para recuperar recuerdos perdidos


Hace tiempo que se sabe que un shock emocional puede hacer que un recuerdo quede incrustado en la memoria: la mayoría de las personas se acuerdan donde estaban cuando se enteraron de algo que los conmocionó, como la muerte de la princesa Diana de Gales o los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.
Ahora, un grupo de científicos en Argentina descubrió que este tipo de sobresaltos también pueden servir para recordar cosas que se creían olvidadas. Los investigadores del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias (Ifibyne) de la Universidad de Buenos Aires publicaron sus hallazgos recientemente en la prestigiosa revista científica Neuroscience.
Los expertos, del Laboratorio de Neurobiología de la Memoria, ya habían realizado este descubrimiento en animales pero ahora confirmaron su teoría en personas.

Los biólogos, Veronica Coccoz, Héctor Maldonado y Alejandro Delorenzi, trabajaron con 125 voluntarios y utilizaron el frío intenso para generar un shock similar al que se produce ante una fuerte sacudida emocional. Delorenzi le explicó a BBC Mundo que en el campo de la neurobiología es común utilizar el frío para generar esta forma de estrés leve pero aguda, que lleva al cuerpo a liberar glucosa y una serie de hormonas que son centrales para la modulación de la memoria.

"Ya se sabía que estas sustancias actúan en áreas del sistema nervioso central cuando se consolidan las memorias y las convierten en memorias fuertes, que van a durar mucho tiempo", señaló. La novedad fue confirmar que estas mismas sustancias también pueden ayudar a recuperar recuerdos olvidados.

El experimento

Para comprobar esta hipótesis, el equipo de investigadores le mostró a los voluntarios una serie de estímulos: una combinación de luz, música e imágenes. Y, luego, se les pidió que se aprendieran una lista de sílabas.
Seis días más tarde, los neurobiólogos volvieron a exponer al grupo a los mismos estímulos de luz y música, pero interrumpieron la experiencia antes de mostrar las imágenes. Además, le pidieron a los sujetos que sumergieran el brazo en un recipiente de agua. Un grupo lo hizo en agua templada, la otra mitad en agua helada.

Entonces se les preguntó a los voluntarios si recordaban las sílabas aprendidas seis días atrás. Ninguno las recordaba correctamente. Al día siguiente, se volvió a convocar al grupo entero y se les volvió a mostrar el estímulo de luz, música e imágenes. Luego, se les preguntó nuevamente si podían recordar las sílabas aprendidas una semana antes.

Sólo una minoría (20%) de quienes habían sumergido el brazo en agua templada recordó correctamente la lista. Pero la vasta mayoría (un 80%) de quienes habían tocado el agua helada –recibiendo el shock de estrés- recordó la secuencia de sílabas, que había creído olvidadas.

Un avance

El doctor Delorenzi le dijo a BBC Mundo que, además de ser sometidos a un shock, es necesario que los sujetos reciban un "recordatorio" asociado, para poder rememorar lo que se creía olvidado.

Para eso es que se usaron los estímulos de luz, música e imágenes. La clave, explicó el neurobiólogo, es que cuando se quiere recuperar el recuerdo perdido se realice una alteración de ese recordatorio.

En este caso, primero se mostró una secuencia de luz, música e imágenes, y, en la segunda instancia, se interrumpió esa secuencia, para que el recordatorio fuera diferente. Es esa novedad la que hace que el recuerdo se haga "lábil" (una definición que usan los expertos para describir la reactivación de ese recuerdo).

"Lo llamativo es que los sujetos aseguraban no tener más el recuerdo de las sílabas aprendidas, pero en efecto ese recuerdo se había reactivado, porque al día siguiente lograban recordarlas", afirmó Delorenzi. Para el especialista, este hallazgo podría ayudar a develar algunas incógnitas que se tienen respecto a los defectos de memoria, ya que permitiría investigar si el problema está en el "almacenado" de la memoria, o simplemente en la capacidad del sujeto para "expresar" ese recuerdo –es decir, para ser consciente de tenerlo-.
"Creemos que esto va a aportar mucho a la persistencia de la memoria, a poder recordar", señaló el experto, aclarando –no obstante- que quedará en manos de otros buscar aplicaciones prácticas para el hallazgo.

El paso siguiente de estos científicos es realizar los mismos experimentos pero probando extensiones de tiempo más largas.

Tomado de la BBC

martes, 14 de junio de 2011

Baja autoestima, más obesidad


Los científicos saben desde hace tiempo que la gente con sobrepeso u obesa suele tener una baja autoestima. Pero por lo general se pensaba que la obesidad era lo que conducía a la baja autoestima y a otros problemas emocionales.
Ahora, una nueva investigación demuestra que al parecer, ocurre todo lo contrario. Es decir, la gente con una baja autoestima suele tener más probabilidades de volverse gorda u obesa.
Problemas emocionales
La investigación, que involucró a 6.500 personas en el llamado Estudio de Cohorte de Nacimientos Británicos en los 70s, descubrió que los niños de 10 años que mostraban una baja autoestima tendían a ser más gordos siendo adultos.
El impacto, dice el estudio publicado en la revista BMC Medicine, es particularmente fuerte en las niñas. Según los expertos, este estudio pone de manifiesto la importancia de un tratamiento temprano para combatir la obesidad.
El estudio, llevado a cabo por científicos del King´s College de Londres, tomó un registro de los niños a los 10 años, con mediciones de su Índice de Masa Corporal (IMC) y su auto-percepción, así como una prueba de sus problemas emocionales.
Lo que es novedoso en este estudio es que la obesidad siempre ha sido considerada Cuando los individuos cumplieron 30 años, se tomó nuevamente un registro de su IMC.
Los investigadores encontraron que los niños con una baja autoestima, los que se sentían con menos control sobre sus vidas y los que se preocupaban más a menudo, mostraron más probabilidades de aumentar de peso en los siguientes 20 años.
"Factor de riesgo"
"Aunque no podemos decir que los problemas emocionales de la infancia causan obesidad más tarde en la vida, ciertamente sí podemos decir que éstos juegan un papel, junto con factores como el IMC de los padres, la dieta y el ejercicio", afirma el doctor Andrew Ternouth, psiquiatra que dirigió el estudio.
Otro de los autores, el profesor David Collier, afirma que "lo que es novedoso en este estudio es que la obesidad siempre ha sido considerada un trastorno médico metabólico".
"Lo que hemos descubierto es que los problemas emocionales son un factor de riesgo de obesidad".
"Y no estamos hablando de problemas psicológicos profundos, porque la ansiedad y baja autoestima que encontramos estaban dentro de un rango normal", agrega el investigador.
Tratamiento temprano

Los científicos afirman que el estudio demuestra la importancia del tratamiento temprano de los niños que sufren baja autoestima, ansiedad u otros problemas emocionales para ayudar a mejorar sus posibilidades de una buena salud física a largo plazo.
"Este hallazgo es particularmente importante, dado el creciente problema de obesidad infantil en muchas sociedades occidentales. Y a gran escala, podrían ser una esperanza en la batalla para controlar la actual epidemia de obesidad", agregan los expertos.
Por su parte, el doctor Ian Campbell, de la organización Weight Concern, afirma que "este estudio presenta evidencia preocupante de que, tal como lo sospechábamos, los asuntos psicológicos de la infancia tienen una influencia en el aumento de peso y la salud adulta".
"El mensaje aquí es que el tratamiento temprano, en la infancia, puede ser la clave para combatir la obesidad adulta".
"Esto requiere mucho más de lo que los profesionales de salud pueden hacer solos. Se necesita una mayor vigilancia de los padres, maestros, y cualquier persona que esté involucrada en el bienestar de los niños", concluyó Campbell.
Tomado de la BBC

lunes, 6 de junio de 2011

Seguimos dispuestos a torturar


Quizás ha sido el experimento científico más tristemente célebre de las últimas décadas, porque mostró evidencias convincentes de que todos somos capaces de ejercer una gran maldad. Ahora, 50 años después, científicos de Estados Unidos repitieron la llamada "prueba Milgram".

Y volvieron a llegar a la conclusión de que la gente sigue dispuesta a infligir dolor a los demás, si se lo pide una autoridad. La prueba consistía en que los voluntarios debían aplicar lo que creían que eran dolorosas descargas eléctricas a otros voluntarios (que eran en realidad actores), cuando eran incitados por una figura de autoridad.

Los investigadores de la Universidad de Santa Clara, en California, encontraron que aún cuando los actores daban (falsos) gritos de dolor, el 70% de los participantes estaban dispuestos a aumentar el voltaje de las descargas.

Las tasas de obediencia de los participantes fueron ligeramente menores que las del experimento Milgram, dicen los autores en American Psychologist, la revista de la Asociación Psicológica Estadounidense.

¿Hemos aprendido?

"Al conocer el trabajo de Milgram, la gente a menudo se preguntan si hoy en día los resultados serían distintos", explicó el doctor Jerry Burger, quien dirigió el nuevo experimento. "Muchos creían que, después de las lecciones del Holocausto, ha habido una mayor conciencia social sobre los peligros de la obediencia ciega".

"Pero lo que encontramos fue que los mismos factores situacionales que tuvieron un impacto en la obediencia en el experimento de Milgram, siguen operando hoy en día", agregó el científico. El experimento original, publicado en 1963, fue llevado a cabo por el profesor Stanley Milgram, de la Universidad de Yale.

El científico reclutó voluntarios para probar el efecto del castigo y el aprendizaje. Para eso, se le hizo creer a los voluntarios (que tenían el papel de maestros) que estaban aplicando choques eléctricos cada vez más potentes a otra persona (que tenía el papel de alumno), ubicada en un cuarto separado.

También se les hizo creer que "un científico" era la figura de autoridad conduciendo el experimento, y éste debía incitar al "maestro" a que continuara aplicando descargas sobre el "alumno". En realidad, tanto el científico como el alumno eran actores y la supuesta máquina generadora de descargas eléctricas era falsa.

Milgram encontró que, después de escuchar los primeros gritos de dolor de los alumnos con una descarga de 150 voltios, el 82,5% de los "maestros" voluntarios continuó aplicando descargas. De éstos, el 79% continuó con las descargas hasta el límite del generador, a 450 voltios. El estudio, además, no encontró diferencias entre hombres y mujeres.

Consternados

En el nuevo experimento, llevado a cabo por el doctor Jerry Burger, 70% de los participantes estaban dispuestos a continuar con las descargas después de los 150 voltios, pero no se les permitió hacerlo. Al parecer, los voluntarios del experimento original que se mostraron dispuestos a infligir dolor hasta el límite del generador eléctrico quedaron muy consternados tras la prueba.

"Casi cuatro de cada cinco participantes en la prueba Milgram que continuaron después de los 15 voltios llegaron hasta el límite del generador" explicó el doctor Burger. "Debido a este patrón, al darnos cuenta de la reacción de los participantes al aplicar los 150 voltios, pudimos hacer una conjetura razonable de lo que hubieran hecho si hubieran continuado con el procedimiento", agregó.

Las técnicas del profesor Milgram han sido muy debatidas desde que se publicó su investigación. Como resultado, se han establecido códigos éticos para los psicólogos y medidas de control en las investigaciones experimentales para prevenir una duplicación exacta del experimento Milgram.

Y para que ésta fuera aprobada por las autoridades universitarias, Burger determinó que en su experimento 150 voltios sería el límite máximo que se aplicaría.

Obediencia ciega

De cualquier forma, la vasta mayoría de los 29 hombres y 41 mujeres que tomaron parte, se mostraron dispuestos a apretar el botón de descarga, sabiendo que causarían daño a otro ser humano. Incluso cuando otro "científico" (actor) entraba al cuarto y cuestionaba lo que estaba ocurriendo, la mayoría estaba dispuesta a continuar.

Tal como explica el investigador, no es que algo estuviera "mal" con los voluntarios. Simplemente, es que cuando se nos coloca bajo presión, los seres humanos a menudo hacemos cosas "perturbadoras". Los resultados del estudio, afirman los expertos, podrían explicar parcialmente por qué en tiempo de guerra y conflicto la gente está dispuesta a tomar parte en un genocidio.

Tal como señala el profesor Alan Elms, de la Universidad de California, en Davis, quien participó en el experimento Milgram en 1961, "el nuevo experimento fue "suavizado", rebajando el límite de las descargas y por lo tanto las condiciones fueron menos estresantes". "Sin embargo, las conclusiones no son menos perturbadoras: el límite de crueldad de la humanidad, como todo lo demás, depende de las condiciones", dice.

"Parecemos estar programados para cumplir órdenes -agrega- incluso si éstas dañan a los demás". "Y es claro que, a pesar de todos los espectáculos de horror de la humanidad en el pasado, todavía no logramos entender el mensaje", expresa el científico.

Tomado de la BBC 

Los ojos de la intuición

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Un equipo de científicos descubrió que una persona ciega puede sortear un laberinto de obstáculos sin ayuda, valiéndose sólo de su intuición. Un hombre que quedó ciego tras un derrame cerebral pudo caminar entre sillas y cajas sin chocar con ellas usando conexiones ocultas en su cerebro.

El estudio indica que usamos recursos mentales subconscientes y somos capaces de cosas que pensamos que no podemos hacer. El paciente, identificado como TN, quedó con una queratitis estriada (alteración corneal) en ambos hemisferios del cerebro luego de sufrir derrames consecutivos.

Viendo a ciegas

Sus ojos son normales pero su cerebro no puede procesar la información que envían, dejándolo completamente ciego. No obstante, previamente se sabía que tenía lo que se denomina "visión ciega", la habilidad de percibir objetos y presencias sin estar consciente de que los está viendo.

TN, por ejemplo, responde a las expresiones faciales de otros.

Sin embargo, cuando camina lo hace como una persona ciega: usa un bastón para evitar obstáculos, y requiere de la guía de otros cuando camina por habitaciones. Pero en un video se le ve caminando entre varios obstáculos que prepararon los investigadores sin cometer ningún error y sin la ayuda de su bastón ni de nadie.

Capacidades antiguas

La directora del estudio, Beatrice de Gelder de la Universidad de Tilburg, Holanda, y la escuela de medicina de Harvard, EE.UU., dijo que TN "no estaba consciente de que estaba haciendo algo excepcional" y pensaba que sencillamente estaba recorriendo un largo corredor.

Según De Gelder, es un mensaje importante particularmente para quienes sufren de daños cerebral. "Puede perder completamente la visión cortical pero retener alguna capacidad de movimiento afuera y adentro sin peligro", le dijo a la BBC.

"Nos demuestra la importancia de esos senderos visuales evolutivos antiguos que contribuyen más de lo que pensamos para que podamos funcionar en el mundo real".

"Asombrosa"

La investigación se llevó a cabo con colegas en el Reino Unido, Suiza e Italia.

Sonal Rughani, un optometrista y asesor para una fundación de caridad británica para personas con problemas visuales, la RNIB, calificó la observación de "asombrosa" y dijo que era una prueba más de que el cerebro es muy flexible.

Sin embargo, recordó que son pocas las personas que quedan ciegas por una lesión cerebral y que la mayoría de quienes sufren problemas visuales después de un derrame podrían ser ayudados con complejas terapias. "El resultado de este estudio es muy emocionante pero se necesitará más investigación", le dijo a la BBC.

El resultado de la investigación de la escuela de medicina de Harvard fue publicado en Current Biology.

Tomado de la BBC



Las llantitas pueden ser mortales


Las "llantitas, rollos o michelines" que se forman en la cintura por el exceso de grasa pueden duplicar el riesgo de morir prematuramente. Un amplio estudio con más de 360.000 personas en nueve países europeos descubrió que un "poderoso indicador" de riesgo de muerte prematura es la medida de la cintura.

Esto, aunque el peso del individuo sea normal, afirma la investigación en New England Journal of Medicine (Revista de Medicina de Nueva Inglaterra). Los científicos descubrieron que por cada 5 centímetros de grasa adicional en la cintura, aumenta en 13% en mujeres y 17% en hombres el riesgo de muerte prematura.

Los expertos afirman que estos resultados ofrecen más evidencia de que el almacenar grasa en exceso alrededor de la cintura es un riesgo importante de salud, incluso cuando no se considera a la gente obesa o con sobrepeso. Por eso, una forma barata y sencilla de analizar la salud del individuo es que los médicos familiares midan regularmente la cintura y cadera de sus pacientes, señalan los investigadores.

Más grasa, menos vida

Desde hace tiempo se conoce el vínculo entre la grasa en la cintura y los problemas de salud.
Pero tal como señalan los expertos, el tamaño de este nuevo estudio ofrece a los científicos un panorama más preciso del problema.

La investigación, llevada a cabo en el Colegio Imperial de Londres, el Instituto Alemán de Nutrición Humana y otras instituciones europeas, involucró a 359.387 pacientes, mujeres y hombres, cuya edad promedio era 51 años.

Se siguió un registro de su salud durante casi 10 años y al final de ese período habían muerto 15.000 participantes. Los científicos compararon el índice de masa corporal (IMC) de los sujetos. (El IMC continúa siendo la medida estándar de la obesidad). Descubrieron que en las personas con el mismo IMC, el riesgo de muerte prematura aumentaba a medida que se incrementaba la circunferencia de la cintura.

Los resultados mostraron que la gente con una cintura grande -de más de 120 cm. en los hombres y 100 cm. en las mujeres- tuvo el doble de riesgo de morir prematuramente. Esto, comparado con el riesgo de los participantes que tenían cinturas pequeñas, de menos de 80 cm. en los hombres y 65 cm. las mujeres.

"Nos sorprendió mucho descubrir que el tamaño de la cintura tenía un efecto tan poderoso en la salud de la gente y su muerte prematura" afirmó el profesor Elio Riboli, investigador del Colegio Imperial. "No hay muchas otras características individuales simples que puedan aumentar tanto como ésta, el riesgo de una persona de morir prematuramente".

Indicador

Los estudios han demostrado que las personas que muestran una  lectura alta de IMC tienen más riesgo de morir de enfermedades cardiovasculares y cáncer.

Sin embargo, el nuevo estudio demostró que la "proporción cintura a cadera", un número que resulta al dividir el tamaño de la cintura entre la medida de la cadera, también es un importante indicador de salud.

El estudio mostró que gente que tenía un IMC totalmente normal, pero una cintura más grande que el promedio, tenía un riesgo significativamente más alto de muerte prematura. La razón de este vínculo entre el riesgo de mortalidad y el almacenamiento de grasa en la cintura, no está suficientemente clara.

Otro de los investigadores, el doctor Tobias Pischon, del Instituto Alemán de Nutrición Humana, cree que podría deberse a que la grasa abdominal es distinta de otras reservas adiposas y puede influir directamente en el desarrollo de enfermedades crónicas liberando "sustancias mensajeras".

Los científicos creen que los tejidos adiposos en esta zona corporal secretan citoquinas, hormonas y compuestos metabólicamente activos que pueden contribuir al desarrollo de enfermedades como las cardiovasculares y el cáncer.

Pero, tal como señala el doctor Riboli, "la buena noticia es que usted no necesita llevarse a cabo pruebas costosas para analizar este aspecto de su salud, porque no cuesta nada medirse la cadera y la cintura". Y si esta medida es muy grande, agrega, aumente su actividad física, cuide su dieta y reduzca su riesgo de morir prematuramente.



Tomado de la BBC 


news.bbc.co.uk/hi/spanish/science/newsid_7726000/7726979.stm